







Se buscó otro árbol, más frondoso y lleno de pájaros.
Rodeado de plantas, de sapos y de otros bichos.
Se instaló con su mesa de dibujo, con sus incontables lápices, pinceles, papeles y papelitos.
Se llevó todos los libros.
Y también algo de música, para esos días en que las cigarras no cantan.
Entonces, abrió nuevamente las puertas de la Casa en el Árbol... ¡para esperar a los amigos, claro!
5 comentarios:
Se va tan acogedor e inspirador! Felicidades, Ale!
¡Gracias, Marce! Ojalá algún día puedas venir...
Bueno, parezco una stalker jaja pero es que vine desde tu blog para acá, y me encantó lo que hay acá también :)
Cariños!!
¡Muchas gracias, Eli!
Qué lugar tan acogedor. En este bello rincón seguro que los más peques dan rienda suelta a su imaginación y plasman sus sueños con lindos colores.
Es precioso de veras!!
Un abrazo
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